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La libertad de una casa independiente, y el mantenimiento que viene con ella

Por Ramon Gutierrez, PREC

Una casa independiente es el único tipo de vivienda donde nadie más opina y nadie más te manda una cuenta. Ningún consejo de estrata vota sobre tus ventanas. Ningún reglamento te dice qué va en el patio. Ningún vecino comparte tu muro. Ese es el atractivo, y es real. La otra mitad de la misma frase es que nadie más es responsable del techo, del drenaje, de la calefacción, de la cerca, de los árboles ni de las canaletas. Esas cosas no desaparecen porque nadie te haya mandado una factura. Llegan en su propio calendario, y la única pregunta es si estabas apartando dinero para ellas.

Yo soy dueño y administro rentas, lo que significa que he pagado estas cosas más veces que la mayoría de los propietarios. Nada de esa lista me ha sorprendido por existir. Lo que sorprende a la gente es el momento en que llega.

Qué te da realmente esa libertad

La libertad no es abstracta. Puedes remodelar sin un acuerdo de alteración, sujeto a permisos y a las reglas de tu municipio. Puedes estacionar un remolque o una van de trabajo en tu entrada si la zonificación y los reglamentos lo permiten. Puedes agregar una bodega, construir una terraza, sembrar lo que quieras, tener tantas mascotas como quieras tener. Puedes rentar una suite donde la zonificación permita una, lo que cambia lo que la casa puede hacer por ti en lo financiero.

También te quedas sin muros compartidos, sin elevador, sin lobby, sin cajón asignado, y sin una cuota mensual que sube sin tu voto. Tú controlas el calendario. Si quieres reemplazar la cocina por etapas a lo largo de tres años, nadie te detiene.

Esa es una forma genuinamente distinta de ser dueño, y para algunos hogares es la única que les queda bien.

La lista que nadie carga por ti

Esto es lo que una casa pide, más o menos en el orden en que suele pedirlo.

El techo, que tiene una vida útil y después ya no. Las canaletas y bajantes, que hay que limpiar más de una vez al año en este clima y que causan problemas de agua en cuanto dejan de funcionar. El drenaje: los drenajes perimetrales, la pendiente alrededor de los cimientos, la bomba de sumidero si es que hay. El agua es lo caro en el Lower Mainland, y casi todas las reparaciones serias que he pagado empezaron con agua yéndose a donde no debía.

Después lo mecánico: la calefacción o la bomba de calor, el calentador de agua, los ductos. El exterior: el revestimiento, la pintura, los sellos, las ventanas y sus empaques, las terrazas y los barandales. La cerca, que normalmente se comparte con un vecino y casi nunca viene con un acuerdo sobre quién paga. Los árboles, que son preciosos hasta que uno se mete en una línea de drenaje o crece encima del techo, y que en muchos municipios no puedes simplemente cortar.

Y luego lo pequeño y constante: la docena de cosas al año que cuestan poco cada una y te quitan un sábado.

Presupuestarlo, en lugar de que te sorprenda

La diferencia entre un dueño que está tranquilo en su casa y uno al que la casa lo estresa no es el ingreso. Es si el mantenimiento estaba en el plan.

Una estrata les impone esto a los propietarios a través del contingency reserve fund. A una casa nadie se lo impone. Tienes que ser tu propio fondo de contingencia: dinero apartado cada mes, a propósito, que no piensas como ahorro. Así el techo es un proyecto que agendas y no una emergencia que financias.

El segundo hábito es un calendario de mantenimiento. Canaletas cada temporada. Calefacción con servicio cada temporada. Drenajes perimetrales revisados y lavados en un ciclo. Sellos y pintura antes de que la madera te avise que ya fue tarde. El mantenimiento pospuesto no es gratis, es prestado, y los intereses se pagan en reparaciones más grandes.

El tercer hábito es saber la edad de los componentes principales antes de comprar. Una inspección es donde te enteras de eso, y el punto de la inspección no es aprobar o reprobar la casa. Es darte la vida restante de las partes caras para que puedas planear los primeros cinco años.

Cómo miro yo una casa

Cuando recorro una casa independiente, paso los primeros minutos afuera. Miro hacia dónde va el agua: la pendiente, los bajantes, si el terreno cae hacia los cimientos, si hay manchas en el revestimiento, si la entrada drena lejos de la cochera. Miro hacia arriba la línea del techo y la fascia. Miro la cerca y los árboles a lo largo del lindero, y pienso con quién tendría que hablar sobre ellos.

Adentro quiero la edad del techo, de la calefacción y del calentador de agua, y quiero saber si se hizo algo sin permisos. Después leo el Property Disclosure Statement y me tomo la inspección en serio, porque ese informe es lo más parecido que tiene una casa a un depreciation report.

A los compradores les digo lo mismo siempre. Compra la casa que puedas mantener, no solo la que te aprueben. La libertad vale lo que pagas por ella, y sí la pagas, en dinero en un calendario que tú pones o en dinero en un calendario que pone la casa. Solo uno de los dos es cómodo.

¿Estás pensando en comprar o vender en el Valle del Fraser? Escríbeme y revisamos tus opciones.

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